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17 Cumbres con Empatía
17 cimas por alcanzar, más de 40.000 m de desnivel positivo acumulado. Un recorrido simbólico por toda España, uniendo deporte, salud y solidaridad.
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Dicen que la montaña enseña a respirar de nuevo. Cada paso en la altura recuerda el valor del aire, ese que muchas veces damos por hecho… hasta que falta.
Este proyecto nace de una pérdida personal: la de un ser querido que luchó durante años contra la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Ver cómo el aire se convertía en un enemigo silencioso cambió para siempre la forma en la que veo la vida.
Desde entonces, cada inspiración es un acto de gratitud, y cada cima, un símbolo de resistencia. “17 Cumbres con Empatía” es mi forma de rendir homenaje a esa batalla, transformando el dolor en propósito. Quiero que cada metro de desnivel sirva para ayudar a quienes hoy siguen luchando por respirar, apoyando la labor de la Fundación contra la Hipertensión Pulmonar (FCHP) y su inspirador proyecto EMPATHY.
El propósito general de la Fundación Contra la Hipertensión Pulmonar (FCHP) contempla la asistencia integral a enfermos y familiares, abarcando para ello diferentes objetivos sanitarios y especialmente el fomento de la investigación científica sobre la enfermedad y sus posibilidades de paliación y curación. Promueve la integración, facilita información y orientación a enfermos y familiares, fomentando la existencia de programas de investigación de la HP, su divulgación y gestión.
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27 feb17 Cumbres con empatía 4/17. Aitxuri (1551 m País Vasco)Ver menos
HOMENAJE EN LAS MONTAÑAS
A las ocho en punto, las campanas del santuario de Arantzazu rompieron el aire limpio de la mañana. No hacía frío. El cielo parecía recién estrenado y el valle aún bostezaba entre sombras suaves. Frente al santuario, como peregrino que parte errante realizo los últimos ajustes como quien se ciñe una promesa. No partía solo hacia una cima; partía hacia lo desconocido que cada montaña guarda para quien se atreve a mirarla de frente, era una despedida silenciosa y un homenaje. No resulta inquietante pero sí emocionante.
Aquí se respira montaña. Lugar de peregrinación de gentes de los aledaños, enfundados en sus ropajes característicos, para deambular por sus caminos.
Comencé a subir.
El sendero se empinó desde el primer paso, sin concesiones. La piedra húmeda, la tierra compacta, el rumor lejano del bosque. Cada zancada me alejaba del mundo conocido y me acercaba a algo más primitivo, más esencial. En aquellas montañas uno no camina solo. Se camina acompañado por historias, por leyendas, por una presencia que se siente aunque no se vea.
Lugar místico y cargado de leyendas. Me encomiendo a Mari, diosa vasca de las cumbres, guardiana de las crestas y del carácter indómito de esta tierra. Le pedí permiso. No para conquistar nada, sino para transitar. Para aprender. Y le pido clemencia para atravesar sus parajes.
Territorio sagrado para cualquier corredor de montaña. Allí donde cada año la suerte decide quién podrá enfrentarse a la mítica Zegama-Aizkorri. Allí donde la cresta no admite dudas y el barro, el hielo o el viento dictan sentencia.
El sendero no tardó en recordar su carácter. La subida hacia las campas de Urbia castigó las piernas pronto. El desnivel mordía. El corazón golpeaba fuerte, rítmico, casi ceremonial. El sudor comenzó a templar la piel mientras el bosque quedaba atrás, pequeño, insignificante. Allí arriba el aire era distinto: más fino, más sincero. A mi alrededor, la montaña respiraba hondo. Aquí no se pasea: aquí se pertenece o se retrocede.
Urbia apareció como un respiro breve, un paréntesis verde entre la roca y el cielo.
Pero sabía que lo difícil aún esperaba.
El ascenso final fue vertiginoso. La pendiente se alzó afilada, y la roca, endurecida por placas de hielo, exigía precisión.Las placas de hielo no son las mejores compañeras en estas pendientes. Un paso en falso no significaba derrota; significaba vacío. Sentí el respeto profundo que solo la montaña sabe imponer. No miedo. Nunca miedo. Pero sí esa conciencia clara de fragilidad.
El cresteo fue un diálogo con el abismo. A un lado y a otro, la caída. Arriba, el cielo inmenso. Abajo, el silencio.
Y entonces entendí por qué estaba allí.
Esta es una de esas cumbres que tenía marcada en este proyecto. Marcada por ese ambiente montañero, por cómo se vive la cultura y las tradiciones por estos lugares, por el valor que tienen para sus gentes, por el trail más famoso de España y por ser lugar de fuerte arraigo de sus mujeres.
No era por la cima marcada en un proyecto. No era por sumar desnivel ni por cumplir un desafío. Era por ella.
Por mamá.
Hoy la ruta es un homenaje a mamá. Esas personas que acompañan y se desgastan en el cuidado de los demás. Que sostienen el mundo sin hacer ruido.La importancia de las familias que acompañan cuando la enfermedad irrumpe como una tormenta inesperada. Que son constancia, valentía, fuerza, entrega y dedicación pero por dentro son desolación y sollozo. Que sonríen para no preocupar, que resisten cuando nadie las ve quebrarse. En silencio, aunque con una tremenda desazón y hastio.
(Ánimo TENA: tenacidad, ejemplo, lucha)
Alcancé la cumbre sin alzar los brazos. No hubo grito. No hubo celebración. Solo viento en la cara y una emoción honda que apretaba el pecho.
Miré el horizonte.
Toqué el pequeño tambor con la palma abierta y sentí su caluroso frío.
Va por ti, susurré.
La montaña no respondió, pero el silencio fue suficiente.
Descendí sabiendo que algunas cimas no se conquistan: se dedican. Y que hay fuerzas invisibles, mucho más grandes que cualquier desnivel, que nos empujan a seguir avanzando.
A las ocho habían sonado las campanas.
Arriba, horas después, sonaba algo más profundo: gratitud.Gracias mamá por ser mis piernas y mi motor.
Gracias FCHP por ser el pulmón del pulmón.
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16 feb17 cumbres con empatía 3/17. El Obispo (2014 m Región de Murcia)Ver menos
La montaña confusa, las dudas, las incertidumbres, el miedo.
Durante mucho tiempo se ha creído que el Alto de Revolcadores era la cima más alta de Murcia. Título que ostenta el Alto de Los Obispos (2014 m) ligeramente más alto. Tal vez ocurra por pertenecer ambas cumbres al macizo de Revolcadores, nombre que recibe la zona.
Alcanzar cada cumbre comienza mucho antes de realizar la ruta. Todo empieza con los preparativos, la búsqueda de información, en ocasiones, difícil. Comprobar el tiempo que va a hacer. Saber cuáles son las condiciones de la zona. Qué me voy a encontrar en lugares que desconozco. Todo son dudas, se produce la incertidumbre y acuden a mí los miedos.
Esos miedos que no llegan gritando, sino en silencio. Se sientan a tu lado y no se van. Como el miedo a una enfermedad: no siempre duele, pero pesa.
No hay montaña fácil, aunque pueda parecerlo. La montaña es un medio cambiante y a menudo hostil. La miras desde abajo. La montaña impone. Ella impone sus reglas, como la enfermedad. De repente aparece el vértigo. “¿Podré subir? ¿Qué me va a pasar a partir de ahora? ¿Y si no llego? ¿Y si no puedo con ella?”
La Hipertensión es como la montaña, tiene dos vertientes. Una más dura que la otra por sus condiciones. Siempre la dura cara norte, siempre la insuficiencia cardiaca izquierda que hace que se produzcan problemas en la otra cara, se agranda el lado derecho del corazón. Convivir con ese miedo no es fácil. Hay que ponerse las zapatillas, cargar la mochila, aunque el cuerpo tiemble.
El día ha salido perfecto para realizar la ruta. Las condiciones han mejorado según ha ido avanzando la semana, el viento arrecia y la montaña se presenta despejada y amable. Sabiendo que la subida es larga me lo tomo con calma y decido ir paso a paso. Vivir con el miedo a una enfermedad es igual: no se trata de llegar a la cima sin pasar por sus partes, hay que concentrarse en el próximo paso. La siguiente cita médica. El próximo análisis. La siguiente respiración.
El miedo, como la altura, no desaparece. Pero cambia de forma. Al inicio paraliza. Más arriba, se convierte en prudencia. Te obliga a hidratarte, a descansar, a escuchar el cuerpo. Te enseña que no eres invencible, pero tampoco tan frágil como creías. Aprendes a conocerte: un dolor inesperado, el cansancio, una pendiente con más desnivel. Y en lugar de maldecir la montaña, empiezas a entenderla.
De repente todo parece detenerse. Delante de mí se cruzan unas cabras saltarinas. Un regalo de la naturaleza que merece la pena aprovechar, detenerse y disfrutar. Sentirse afortunado porque se hayan cruzado en tu camino y saber que estás vivo.
Convivir con el miedo también implica aceptar los descansos. Sentarse en una roca, mirar el valle y reconocer lo que sí has logrado. A veces creemos que valentía es no sentir miedo. Pero en la montaña y ante la enfermedad, la verdadera valentía es seguir avanzando aun sintiéndolo. Es decir: “Tengo miedo, pero aquí estoy”.
Y tal vez la cima no sea lo que imaginabas. Tal vez no sea una curación total ni un final épico. A veces la cima es simplemente un lugar desde donde puedes respirar más hondo, comprender que has cambiado, que tu mirada descansa mirando el horizonte. La montaña no desapareció. El miedo tampoco. Pero ya no eres la misma persona que estaba al pie temblando.
Aprender que convivir con el miedo es como convivir con la montaña: no se trata de dominarla, sino de recorrerla. De aceptar que habrá tramos difíciles y paisajes maravillosos. De entender que cada paso cuenta, incluso los pequeños. Sobre todo, los pequeños.
Y cuando mires hacia abajo y veas todo lo que has subido, te darás cuenta de que dentro de ti siempre hubo más fuerza de la que la montaña o el miedo te hicieron creer.
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02 feb17 cumbres con empatía 2/17. Alto de las Barracas (1.838 m Comunidad Valenciana)Ver menos
Los acontecimientos a lo largo de la semana hacen que los astros se vayan alineando para crear una ventana de oportunidad que facilite, en una aventura relámpago, que ascienda a una de las cumbres más amables del desafío. Eso sí, no sin dificultades ya que la montaña, por grande o pequeña que sea, siempre hay que respetarla y cumplir con sus reglas.
La ruta elegida parte desde La Puebla de San Miguel y enseguida gana altura para dejar la villa en la lejanía. De repente la pista se convierte en senda y la senda en nieve, hielo y soledad.
Esa soledad que atrapa al corredor de fondo. Esos momentos donde escuchas crepitar tus pasos en la nieve, ese ruido sordo y crujiente. Ese crujido que contrasta con el silencio general que provocan las nevadas, ya que la nieve acumulada absorbe el sonido del entorno.
Y ahí estás. En la más amplia blanca inmensidad. Sin un camino claro que seguir. Cargado de dudas y sin saber qué hacer cuando se presenten las dificultades en el horizonte. Cuando de repente te falta el aire. Como esa respiración cuando nadie más la escucha pero que necesitas para saberte vivo.
Pienso en la suerte de estar en la montaña en este momento. Pulmones del planeta, enormes lavadoras atmosféricas de aire que giran despacio, limpiando lo que abajo se ensucia. Inspirando en los bosques, expirando en las nubes. Por un momento imagino que las montañas respiran por mí. Gracias a ellas, pienso, el mundo sigue vivo.
Y me acuerdo de Laia. Una luchadora que inspira a seguir adelante. Laia también piensa en el aire, pero de otra manera. Para ella no es una metáfora, es una barrera. Vive con una máquina que la acompaña como una sombra fiel, un pequeño pulmón artificial que le recuerda, a cada instante, que respirar no resulta fácil. Subir las escaleras de su casa es para ella, una cumbre. Realizar deporte no es posible. Su cuerpo juega con reglas distintas.
Y en este laberinto de pensamientos consigo llegar a la cumbre. En ese momento de máximo esfuerzo solo sentía que el mundo se reducía a inhalar y exhalar, a sostener el ritmo para no romperme. Y allí está Laia sonriente. Ella también vive pendiente de ese ritmo. Solo que, en su caso, su carrera es quedarse quieta y seguir respirando.
Ese ritmo que vi perder en mi casa a pesar de pulmones metidos en mochilas o en forma de gigantes bombonas de esperanza.
Entiendo entonces que mi soledad no es tan distinta de la lucha de Laia. Ambos negociamos con el aire, cada uno a nuestra manera. Corro para sentir que estoy vivo; Laia respira para demostrarlo.
Y en ese encuentro, entre pulmones de carne, de máquina y de piedra, es donde descubres que avanzar no siempre significa ir más rápido, sino seguir, incluso cuando el aire cuesta.
Gracias a Laia por ser ejemplo, lección y vida.
Gracias a la FCHP por ser el pulmón del pulmón.
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11 ene17 Cumbres con Empatía. Episodio 1/17. Peñalara (2.428 m Comunidad de Madrid)Ver menos
Esta es la historia de una bocanada. Esa que siempre llega sin pensar.
Esta es esa historia de algo que se va apagando de forma casi invisible, de algo que obtenemos de forma automática, generosa, imperceptible. Hasta que poco a poco vas sintiendo que falta.
La enfermedad llegó despacio, sin estridencias ni aspavientos. Al principio solo era cansancio. Luego, una leve presión en el pecho. Era la negación a pasear, a caminar un corto pasillo. Hacer las tareas cotidianas era un calvario y hasta ir a la cama se convertía en un esfuerzo titánico. Aún así, el aire seguía entrando. Lo que no sabíamos es que estaba aprendiendo a despedirse de él.
Un día, la bocanada tardó más de lo normal. Cada vez se producia con más dificultad, raspando por dentro, como si los pulmones se hubieran vuelto estrechos, flojos, sin fuerza ni ganas. Cada vez fuimos entendiendo que su capacidad pulmonar se iba agotando.
Con el tiempo entendimos lo que nadie nos enseñó pero intuíamos: respirar es un privilegio silencioso. Hacerlo sin esfuerzo es un privilegio que no pesa, que no se ve, pero que lo sostiene todo. Cada bocanada es un logro. Un milagro cotidiano que nadie celebra. Todos lo hacemos sin pensar, sin tener que pedir permiso a nuestro propio cuerpo.
Y por eso me siento afortunado de poder hacer este tipo de retos donde siento que puedo respirar por aquellos que no pueden hacerlo con facilidad. Eso siempre me animó a seguir y a sentirme "millonario". Así comenzó esto y lo hice en casa. Donde otras tantas veces he subido para dar comienzo a todo esto. Esta vez ha sido especial por hacer una ascensión invernal. Con un frío helador y congelante. Aprendiendo y disfrutando por el Canal Central de Peñalara.
Ya ha empezado. Ya hemos puesto la primera cumbre en el mapa y ahora toca seguir, sin perder el aliento.
Ojalá algún día, al tomar esa bocanada sienta vida entrando sin pedir nada a cambio.
A tí, que lees esto, GRACIAS por tu grano de arena.
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Comentarios (16)
Fátima
Mucho ánimo Juan!!!
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias por tu aportación. Os llevo un poquito a todos los que aportáis ilusión y ganas al proyecto.
Sandra
Un pequeño gesto que espero ayude un poquito a la causa☺️
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias. Un pequeño gesto que aporta mucho para la causa. La de seguir dando esperanza e investigando. Poca broma.
Millero
❤️gran iniciativa profe.
Juan Antonio Cristóbal
Una de esas locuras que pasan por la cabeza y de repente se quedan y dices ¿por qué no? Aprendo de mis mayores que sois inagotables e inspiración. Gracias.
Juani
Contigo siempre!
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias. Sube que te llevo. A por ello. Sea aquí o en Zaragoza.
Guadalupe
Mi granito de arena para la fundación
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias Guadalupe. Sin duda un gesto que ayudará a que la Fundación siga dando granitos de esperanza.
ALEJANDRO
Ánimo Profe, gran reto, grandes patas para hacerlo realidad y gran CORAZÓN que lo hará posible, sin duda.
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias. Lo que tengo es una cabeza muy dura que me hace ser intrépido e imprudente a partes iguales. A por ello con todo el CORAZÓN.
Alejandro
A por ello Juan!
Alberto
Ánimo Juan!! Sabes que cuentas con mi espada
Juan Antonio Cristóbal
Cuento con más que eso. Tu manera de vivir las cosas, tu pasión por la montaña, tu inspiración, tu compañía en tantos momentos en las condiciones más extraordinarias, tu generosidad, tu amistad, nuestros caminos unidos, los viajes, la música, las risas, el puente medieval y tantas otras cosas. Por ser inspiración y guía en la montaña., gracias. Por todo esto y por muchas aventuras más. Siempre a mi lado. Gracias.
Ángel
Grande. Uno di noi
Juan Antonio Cristóbal
Si alguien entiende de lucha por estas cosas eres tú. Ejemplo, coraje, solidaridad y corazón. Gracias por seguir el proceso y compartir el final. Uno di noi.
Rebeca
Qué bonito reto, a por ello!
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias por tu aportación. A por ello por ellos.
Club Baloncesto San Blas
Club Baloncesto San Blas
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias por este gran detalle. Un gran impulso. Cuando estás a punto de llegar a la cumbre y te falta el aliento empujones de este tipo son lo que hacen que no pares hasta arriba.
Detallazo por vuestra parte.
Agradezco mucho vuestra decisión. Agradezco que detrás de esto haya una parte de mí a la que quiero mucho y es parte fundamental de todo esto. Gracias hermano.
Raquel
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María Teresa
Esto es solo una muestra más de lo grande que eres!!! Mucho ánimo y a por el reto. Aunque estoy convencida de que conseguirás todo lo que te propongas! Un abrazo grande.
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias por el ánimo y la aportación. No soy gran cosa y menos pegado a esas enormes cumbres. Si tengo voluntad y tesón que ayudarán. Papá siempre enseño a no dejar nada a medias. A por ello. Gracias
Alvaro
Vamos a por ello!
Juan Antonio Cristóbal
Muchas gracias, Álvaro. Así será, con tu apoyo siempre hacia delante.
Laura
A por todas!!! Mucho ánimo que él te acompañará en cada paso y estará super orgulloso 💪
Juan Antonio Cristóbal
Y a por todo lo más alto. Donde el me enseño a disfrutar y donde tengo un imborrable recuerdo de nuestras aventuras. Va por el. Ojalá pudiera sentir ese orgullo que dices. Muchas gracias por tu apoyo y aportación.
Noemi
¡¡A por ello Juan!! El camino lo harán tus piernas, pero la guía es tu gran corazón. Gracias por esta iniciativa
Juan Antonio Cristóbal
Las piernas llevaran lejos a ese pequeño corazón. Que sin ser fuerte tiene buen motor. Gracias por estar ahí y aportar para esta buena causa.